Suelo decir que “el tiempo es el que es, ni se gana ni se pierde”. En todo caso, se aprovecha bien o no, en función de prioridades y objetivos. El tiempo de vacaciones es un tiempo privilegiado. Y lo es, desde mi punto, de vista porque permite desarrollar posibilidades como las tres siguientes. La primera, recuperarse después de meses de intenso trabajo si es que el trabajo ha sido, efectivamente, intenso. Obviamente, ¿de qué hay que descansar si no se ha trabajado a conciencia? Sin duda, trabajar bien es fundamental pero también lo es saber descansar. Y hay que saber hacerlo. Cada uno ha de descubrir qué le descansa y qué no. Hay personas que no saben descansar porque requiere un mínimo de autoconocimiento que no tienen. Gente que finaliza las vacaciones más cansadas de como las empezaron. Su tiempo de vacaciones es un auténtico lastre, no saben qué hacer con él. Las personas que aprovechan su tiempo de vacaciones suelen cambiar de escenario, de actividad y se mantienen activos de manera diferente a la habitual. Tiempo de cambio en las tareas, de recuperación personal y de deleite con los demás. Saben bien qué hacer, vuelven renovados a la oficina y no entienden de “depresión” post-vacacional.
La segunda, tiene que ver con la familia. La familia que es, seguramente, una de las grandes damnificadas de nuestra sociedad. Mientras las políticas no mejoren, el tiempo de vacaciones es el tiempo de conciliación por excelencia para disfrutar, si cabe más, de la familia y pasarlo bien juntos. Aunque al final del verano una estadística venga a confirmar las dificultades de la convivencia veraniega dado que pasamos muy poco tiempo juntos el resto del año. ¡Menuda ironía! Lo sabemos bien, convivir es un aprendizaje que tiene su razón de ser si está basado en afectos profundos como el de los padres hacia sus hijos y el de los buenos hijos hacia sus padres. Qué bueno esas familias que planifican y organizan las actividades de sus miembros para que el verano sea fructífero y todos sus miembros salgan mejorados.
La tercera, apunta a aquellas personas que dedican su tiempo de vacaciones a los demás, desarrollando voluntariado social. Desde destinos próximos como un hospital cerca de su domicilio o una residencia de ancianos hasta destinos más lejanos colaborando con organizaciones humanitarias. Las personas que dedican buena parte de su tiempo a estas actividades solidarias, muchos de ellos jóvenes universitarios, lo hacen desde el convencimiento de que pueden aportar su granito de arena –modesto, si se quiere- a hacer un mundo mejor.
Ahora que el tiempo de vacaciones ya está encima porque ya disfrutamos de ese tiempo privilegiado o se está casi a punto para vacaciones, quizás, valga la pena entrar en nuestra agencia de viajes interior y ver lo que nos pide el alma. Será una oportunidad magnífica para disfrutar de un verano más pleno. Ojalá sea así y ustedes lo pasen bien.
Carlos Mª Moreno.