Inmediatamente después de la Segunda Guerra Mundial
aparecieron en Alemania algunas corrientes de opinión muy críticas con los
principios ilustrados. A sus ojos la osadía de la razón había llevado a diseñar
el exterminio nazi y consecuentemente dicha osadía debía ser corregida y
redireccionada. Ni siquiera había terminado la
Gran Guerra cuando Adorno y Horkheimer ya
escribían en el prólogo de su Dialéctica
de la Ilustración:
“Le sucede lo que siempre sucedió al pensamiento triunfante: en cuanto abandona
voluntariamente su elemento crítico y se convierte en mero instrumento al
servicio de lo existente, contribuye sin querer a transformar lo positivo que
había hecho suyo en algo negativo y destructor”.
Pero por mucha influencia que obtuviese la Escuela de Frankfurt en
aquel momento este tipo de argumentos no pueden ser atribuidos exclusivamente
al pensamiento marxista y prueba de ello es el libro, editado con la ayuda de la Universidad Autónoma
de Madrid, que Trotta ha presentado recientemente. Discípulo de Carl Smitt, el
joven Reinhart Koselleck publicó en 1954 una brillante tesis titulada Crítica y crisis en la que se dedicaba a
desgranar las condiciones socio-políticas en las que se gestó el desarrollo de la Ilustración.
La primera de sus tesis es que para entender la Ilustración debemos
situarla dentro de los límites de la estructura política del absolutismo ya que
sólo de esta manera comprendemos su auténtica intención Crítica. Una Crítica
que, frente poder dominante, abre la diferencia entre política y religión por
la que se cuela la moral a modo de espacio moral interno donde una nueva ley
debe desarrollarse.
A causa de ello, segunda tesis, para la Ilustración se hace
necesario el secreto. La libertad frente al estado, el tercer poder basado en
el principio de la égalité,
necesitaba de reuniones secretas al margen de la monarquía donde encontrar figuras
como el abate Pierre y otros quienes con sus nuevas ideas iban impulsando poco
a poco el parlamentarismo y el desarrollo de la ley de la opinión pública. Es
en este contexto que nacen los clubs en Inglaterra y Francia y la
francmasoneria. “La libertad en secreto se convierte, así, en el secreto de la
libertad”. Un secreto que une y cohesiona desde el punto de vista intrasocial
aquellos que antes no se conocían.
Sin embargo, tercera tesis, la escisión dualista del
mundo en un ámbito de la moral y de la política se basa en una noción de
progreso y de futuro que encubre la
crisis que no supo aceptar la Ilustración. La crítica, que está en
contradicción con el estado, pero que se desarrolla en el seno mismo de este
mismo estado en forma de propuestas de futuro, esconde a su vez un misterio que
nos da la clave de su error. Es en la crítica misma donde se esconde la crisis.
“La crítica, dice Koselleck, se potenció a sí misma, en
la contracrítica, hasta convertirse en supercrítica, y por último se degradó en
hipocresía”. Los ilustrados desenmascararon al rey en cuanto hombre y, en
cuanto hombre, éste no podía ser otra cosa que un usurpador. La potencia del
mundo burgués que buscaba justificarse se consiguió arrebatando con apariencia
de moral el poder político a los reyes y erigiéndose ante la sociedad civil en
forma de nuevo representante y educador. El burgués aparece así como un lobo
con piel de cordero que cubrió sus argumentos políticos con argumentos morales
para llegar al poder. Y sin duda algo de cierto hay en esas palabras.
Pero si la Ilustración debe ser
interpretada bajo el régimen absolutista ya que éste obliga al individuo a
recluirse en un espacio interior desde el cual se rearma junto a los demás
ciudadanos, ¿qué pasa cuando el espacio interior de la moral racional se erige
como espacio exterior de la política (planes políticos de la moral)? ¿No
produce ello una confusión de categorías que empuja hacia lo que hoy conocemos
como post-modernismo?
Critica y crisis
es un libro que obliga a pensar sobre los orígenes de la sociedad civil y sobre
la influencia del pensamiento ilustrado en nuestros días. En este sentido, este
nuevo título de la editorial Trotta, no sólo es de parada obligatoria sino
también un apoyo firme para meditar sobre las inestables condiciones de nuestra
modernidad.
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