Publicado
en 2004 Alpha Decay edita en castellano Un Manifiesto hacker del
australiano McKenzie Wark, quien intenta definir con un tono marcadamente
político, un estilo directo y múltiples referencias filosóficas el núcleo
radical del pensamiento hacker.
Normalmente
se entiende que un manifiesto, como género literario, debe poseer un tono
enfático y explícitamente performativo, como una declaración de principios que
constituye una alternativa al modo de pensar convencional. Este manifiesto
cumple ampliamente con estos requisitos. La suya es una renovación de las
categorías marxistas de clase, propiedad, historia o sujeto a la luz de un
nuevo ideal programático basado en la tecnología y en la producción de lo
virtual. Wark elabora una síntesis entre el pensamiento comunista clásico y las
lecturas de Deleuze, Bataille y Negri (traicionando ligeramente la esencia del
hacker ya que el método epistemológico que utiliza el pensamiento hacker rehúye
de las definiciones y los conceptos cerrados) para introducirnos de manera
profunda y bien argumentada en la experiencia hacker.
El hacker
afirma “la historia no es una necesidad”, “la educación es esclavitud”, la
subjetividad no es universal. Inspirándose en el discurso de la diferencia, el
hacker se enfrenta a todo tipo de producción cultural entendida ésta como forma
estandarizada y consumible, de la cual el público se nutre para sus
aspiraciones. La ética del hacker debe ir más allá de las
convenciones, hasta el plano trascendental de la inmanencia, que diría Deleuze.
En este sentido se trata de una axiología poblada de misterio que apela a la
autenticidad desde un punto de vista muy subversivo porque para
existir el hacker fagocita su propia representación desarrollando un espacio
propio por medio del uso de la virtualidad en el mundo de las abstracciones.
Rehuyendo del siginificado clásico de las
categorías políticas y sociales el hackeo da siempre lugar a nuevas preguntas.
El hacker afirma la virtualidad creando en la abstracción una intención
concreta mas que un producto final. El hacker se aleja de la crítica, no quiere
pensar con las mismas herramientas que se derivan de aquello que critica. El
hacker quiere, transformando lo real mediante lo virtual, desenmascarar el
estatus quo.
“Contra el capitalismo” podría ser otro de los
lemas de este libro o “contra el vector”, para ser más exactos. Wark desarrolla
toda una teoría de la clase vectorialista, entendida como aquella que utiliza
el movimiento generado por la actividad del hacker para desarrollar nuevas
formas de explotación y de estado y es por ello que el hacker como clase encuentra
su sitio al lado del “trabajador organizado” y el “agricultor rebelde”.
Todo el mundo puede ser hacker siempre y
cuando libere las virtualidades que contiene en su interior. Virtualidad y
facticidad convergen en esta figura esquiva, así que la cuestión más difícil de
responder es cómo aplicamos el fantasma, la des-definición, de manera que forme
un cuerpo sólido, que genere libertad de pensamiento.
Este Manifiesto nos ayuda a acercarnos
al esquivo pensamiento hacker y a plantear una ética basada en sus supuestos,
tal vez en el sentido en que Nietzsche nos hablaba de una vida auténtica, pero
con el añadido de Baudrillard, quien en este punto dice que, no encontrándonos
ya ni en lo bello ni en lo feo, ni en lo cierto ni en lo falso, ni en lo bueno
ni en lo malo, sino en la imposibilidad de juzgarlos, debemos reconquistar la
diferencia por medio de la afirmación de lo virtual.
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