Löwith, K.; De Hegel a Nietzsche. Katz Editores, 2008
Cuando uno lee este
libro, escrito en el exilio en Japón y publicado en 1939, se da cuenta de que el
posmodernismo es hijo del romanticismo. Aunque el siglo de las grandes guerras
no es nombrado en ningún momento, la presente obra habla de la esencia del
posmodernismo porque describe sus raíces intelectuales. Y es que De
Hegel a Nietzsche. La quiebra revolucionaria del pensamiento en el siglo XIXmás allá de captar las sinergias que generó el pensamiento
hegeliano, hasta la desembocadura de su pensamiento en Nietzsche nos invita a reflexionar sobre cómo los hombres construimos nuestra historia.
Según Löwith, tras
ser catapultada hacia el idealismo gracias a la obra de Kant, Alemania encontró
en la figura de Hegel lo que Inglaterra en Bentham o Francia en Comte, la
renovación de los presupuestos ilustrados y la nacionalización del pensamiento.
A sus ojos, Hegel fue “el gran maestro” de Alemania ya que sólo él fue capaz de
sintetizar el “espíritu alemán” hasta transformarlo en filosofía universal. Es
por eso que decimos que el pensamiento de Hegel constituye el primer paso en la
reconstrucción alemana.
Pero de un
monolito tan alto cabe esperar una gran caída. Y esa fue la intención de los jóvenes
hegelianos. Löwith nos habla del posicionamiento que mantuvieron autores como Feuerbach, Marx, Ruge, Stirner,
Bauer, Kierkegaard ante el autor de la Fenomenología del espíritu. Suyo fue el intento, según nos dice, de “realizar la filosofía de Hegel” sustituyendo el culto absoluto a la
generalidad por el desarrollo concreto de la comunidad, criticando los restos
de teología que observaban en el sistema de Hegel, demostrando que Hegel “muestra
un concepto fijo del Estado y no la idea en movimiento del mismo, cuya fuerza
está en la historia”, etc. Löwith desmenuza a Hegel de la mano de aquellos que
le precedieron punto por punto, tema a tema, con la precisión de aquel que sabe donde quiere dirigir sus pensamientos.
A la par que el proceso que va de Hegel a Nietzsche, Löwith
desarrolla sus propias ideas
como filósofo de la historia. Una vez cerrada la sección en la
que se desgrana la descendencia hegeliana, aparece una segunda titulada “estudios
sobre el mundo cristiano-burgués” en la que, tratados como si fueran problemas,
aparecen algunos de los temas más célebres del siglo XIX: la sociedad burguesa,
la organización del trabajo, la cultura, la humanidad como esencia del hombre y
finalmente la cristiandad.
Obviamente la
lectura de Löwith no es una lectura neutra, ni esa es su intención. El proceso de secularización, la aparición del mundo burgués, el
problema del tiempo, son temas que ya pudimos ver en Historia del mundo y salvación publicada
en Katz ahora hace un año.
En esta
segunda parte el planteamiento expositivo se modifica y pasa de estar centrado
en la figura de Hegel a pivotar sobre un concepto en el que todos lo implicados
tienen cabida, desde Burckhardt y la cultura, a Rousseau, Proudhon o Tocqueville
en el tema de la aparición de la sociedad burguesa. De manera que Löwith
consigue lo que quiere, un libro que plantea la tensión que va desde Hegel a
Nietzsche en toda su complejidad.
La principal
virtud de este libro es que nos enseña cuales son nuestros orígenes y nos
plantea el campo conceptual de batalla en el que se libraron. Hegel aparece,
con permiso de Kant, como el filósofo alemán más grande de todos los tiempos y
como raíz de todo un entramado de autores y conceptos que no pueden ser
comprendidos sin recurrir a él. Nietzsche, última figura, cronológicamente
hablando, aparece como aquel que clausura las cuestiones y las
zanja en el sentido en que hasta él se habían conocido. Pero el círculo no se
detiene y Nietzsche aparece como el nuevo Hegel, aquel que habrá de transmutar
todo lo conocido en algo nuevo, en un nuevo principio del que nuevos autores y
nuevos temas siguen naciendo.
No me extraña
que MacIntyre se diera cuenta, ya en septiembre de 1964, de que este era “el gran
libro de Löwith”. Estamos ante un libro que no sólo ilumina un tiempo concreto sino
que nos ayuda a comprender cómo funcionan los ciclos históricos, los requiebros del pensamiento.