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Liderazgos responsables. Carlos M. Moreno
Resumen:

Esta comunicación presenta las características de líderes y liderazgos responsables. Se parte de la realidad plural del liderazgo donde sería más propio referirse a “liderazgos” en vez de “liderazgo” y defiende la posibilidad de que, a través de liderazgos responsables, se puede encontrar nexos en común entre las distintas maneras de ejercer el liderazgo. Los liderazgos responsables deberían ser el sustrato antropológico para cualquier liderazgo.

Palabras claves: líderes, liderazgos y responsabilidad.

________________________________________________________________1.       1. ¿Liderazgo o liderazgos?


En la amplísima literatura sobre el liderazgo, es bastante frecuente referirse a este fenómeno en singular. Tiene su razón de ser porque así se puede acotar mejor la caracterización de un tipo determinado de liderazgo. El esfuerzo de años de investigación y estudio sobre el liderazgo ha ido mostrando distintas maneras de ejercer el liderazgo. No es extraño, pues, que si a un hombre o mujer de empresa, con experiencia de algunos años, se le preguntase sobre el liderazgo ejercido en su organización respondiera, por ejemplo, con alguno de estos calificativos “transformacional”, “personalista”, “carismático”, “autoritario”, “relacional”... y un largo etcétera. Una vez más, es importante subrayar que el liderazgo lo ejerce, básicamente una persona porque no quisiéramos obviar el liderazgo de equipos o el liderazgo compartido. Pero, habitualmente, es una persona la que ejerce el liderazgo sobre otras personas. Por otro lado, como se sabe bien, no hay liderazgo sin seguidores. También, quisiéramos puntualizar que si bien es cierto que el liderazgo en puestos de alta dirección es fundamental, tampoco podemos obviar el liderazgo que se dan en distintos niveles de la organización.

      Los liderazgos responsables, en el momento de ejercerse, habrán de tener en cuenta tres consideraciones fundamentales. Primera, si todo liderazgo lo ejerce una persona, esa misma persona  deberá calibrar bien el “peso” de su personalidad. Segunda, si el liderazgo se ejerce de una persona hacia otras personas, los liderazgos responsables considerarán las distintas personas a liderar. La tercera consideración atañe a la organización y la propia empresa. Si se tienen en cuenta estas tres variables, quizás, sí se pueda hacer referencia a una manera de ejercer el liderazgo. Pero la complejidad del momento actúa deberá llevar a los líderes responsables a saber manejar distintos liderazgos según la realidad de la empresa. Aceptemos como válido que el líder, en su proceder básico, se incline por un determinado liderazgo pero éste, necesariamente, deberá ir acompañado por otras maneras de ejercer el liderazgo que tengan en cuenta las variables mencionadas.

      La posible respuesta a la pregunta planteada al iniciar este primer apartado -¿liderazgo o liderazgos?-, nos aproximaría a “liderazgos”. El líder responsable sabe en qué liderazgo está centrado y, además, se maneja bien con una variedad de liderazgos en función de las circunstancias. Ejercer, sistemáticamente, un único liderazgo es reducir la complejidad de un fenómeno crucial para cualquier empresa. Si se acepta esta premisa y para mantener la coherencia de acción, se encuentra, al menos teóricamente, un sustrato común a los diferentes liderazgos. Ese nexo común a distintos liderazgos sería la “responsabilidad”. Si se ejerciera, por ejemplo, básicamente un liderazgo “transformacional” y, en otras ocasiones, en función de las personas y las necesidades de la empresa, un liderazgo “relacional”, el nexo de unión entre uno y otro –el sustrato común a ambos- sería el “liderazgo responsable”. De manera, aún, más precisa: cualquier liderazgo ha de ser un liderazgo responsable. Por tanto, y siguiendo con el mismo ejemplo, el liderazgo “transformacional” también ha de ser “liderazgo responsable” como, así mismo, lo tiene que ser el liderazgo “relacional”. Sólo el liderazgo -con el calificativo que se le quiera añadir- que mantenga, en su raíz, la responsabilidad es tal liderazgo. ¿En qué consistirían, entonces, los liderazgos responsables? En dar respuesta, desde la ética, a cuatro estimaciones. Primera, los líderes responsables deben responder ante sí mismos. Segunda, los líderes responden ante sus colaboradores más inmediatos. Tercera: los líderes responden (y se responsabilizan) ante la organización y cuarta, dan cumplida respuesta ante la sociedad.

 

2.       El componente “persona”

 

      En el ejercicio de los liderazgos la persona tiene un papel fundamental. La persona, en cuanto tal, es esencial para cualquier organización humana y la empresa aunque, en ocasiones, no se la tenga en cuenta, también, lo es. La cuestión de la “persona” atañe tanto al líder como a sus seguidores: todos son personas. Pero la persona como saben  los responsables de la dirección de personas en las empresas es una realidad que nunca se abarca del todo.

      El hecho de que un líder ejerza, esencialmente, un determinado tipo de liderazgo tendrá que ver con su propia persona y personalidad. Aunque encontramos algunos autores como Farkas y Wetlaufer[1] que, en parte con razón, entienden que “el liderazgo es un estilo de gestión coherente y explícito, no un reflejo de un estilo personal”. Nuestro convencimiento, sin embargo, es que el componente “persona”, en el líder, influye en la manera de ejercer su liderazgo. Lo que desconocemos es cuánto influye. Hay líderes que de suyo parecen, por ejemplo, más “carismáticos” o más “serviciales” pero liderazgo es, como apuntan muy bien Quintanilla, Sánchez-Runde y Cardona[2], un fenómeno de “una gran ambigüedad y complejidad. Básicamente, se nos escapa de entre los dedos”.

      Sin embargo, se podría decir que la primera característica de los liderazgos responsables es el autoconocimiento. La persona que lidera deber poseer un alto conocimiento de sí mismo, de sus fortalezas y debilidades. Conociendo sus propios límites estará en condiciones de liderar, con mayores garantías, a la empresa. Si el líder conoce bien sus limitaciones y tiene la suficiente humildad para “re”conocerlas tendrá, por ejemplo, mayores posibilidades de construir equipos de colaboradores que lleguen donde él no alcanza. Además de la humildad, de tocar con los pies en el suelo, es necesaria la sinceridad con uno mismo, sin caer en el autoengaño por “engolamiento” de los éxitos que se puedan lograr.

      Los liderazgos responsables se ejercen desde la exigencia estricta de sí mismo en relación al propio trabajo. Ser exigente consigo mismo, desde la más absoluta dedicación (y discreción), es la primera manera de despertar en los demás el respeto imprescindible para liderar desde la responsabilidad. El autoconocimiento personal es, pues, la primera característica para liderar dado que es la base para el autoliderazgo. Sigue siendo válida la afirmación de que “sólo quien se lidera a sí mismo es capaz de liderar a los demás”. Los liderazgos responsables empiezan con el liderazgo responsable de uno mismo.

      La segunda característica es la educación permanente. Todo líder ha de tener una base de preparación, seguramente, consolidada en los años de formación universitaria. A esta formación “académica”, se le podrá añadir el aprendizaje que ha ido adquiriendo con la experiencia de años de trabajo. De esta manera, los líderes responsables han mantenido a lo largo de su trayectoria profesional, una disposición abierta siempre a aprender. Los líderes responsables saben que no lo saben todo y necesitan del conocimiento de los demás para crecer y hacer crecer a la empresa. Los líderes responsables aprenden, diariamente, con su trabajo y lo entienden como fuente inagotable de conocimiento. Tienen la capacidad de sacar conclusiones de los errores cometidos y el carácter imprescindible para mirar hacia adelante. De hecho, convierten los errores de hoy, en oportunidades para el mañana. Pero, además, mantienen una voluntad intacta de educación constante, siguen estudiando, mantienen vivas sus inquietudes para seguir creciendo personalmente y, así, poder aportar mayor valor a la propia empresa.

      Sabemos que el término “formación” es el utilizado habitualmente cuando se abordan este tipo de cuestiones en las empresas, pero creemos que tiene un componente “externo”, sin duda valioso, pero en el que difícilmente encontramos los elementos “internos” propios de la persona que hacen que ésta elabore internamente y extraiga hacia fuera lo mejor de sí misma. Si se quiere, es un simple matiz pero nos parece importante. La educación tiene un componente interno para la persona que en la formación, normalmente, no se produce dado su habitual carácter externo. Por eso, el líder responsable más que formarse se educa permanentemente y más que formar a los demás, educa a los demás. Sin embargo como, acertadamente afirma Álvarez de Món[3], “si quieres educar, edúcate”. Los liderazgos responsables se ejercen desde la educación perseverante de los líderes, dedicando parte de su tiempo y esfuerzo para seguir educándose y, posteriormente, estar en condiciones de educar a los demás. Seguramente, no con grandes declaraciones si no a través del ejemplo del trabajo diario.

      La tercera característica de los liderazgos responsables es que se dirigen hacia personas. El líder responsable sabe que todas las personas no son iguales y que, por tanto, requieren de distintos liderazgos. Esto exige a los líderes responsables, no sólo un conocimiento de sí mismos, sino un conocimiento de personas. Los líderes responsables conocen las fortalezas y debilidades de sus colaboradores y los lidera desde ese conocimiento. Supone un esfuerzo porque han de estar atentos a la manera de trabajar de sus colaboradores. También, desde la habilidad y competencia suficiente para saber, en cada circunstancia y con la singularidad (y unicidad) que supone cada persona, qué liderazgo puede ser el más adecuado para ejercer con aquella persona y en unas circunstancias determinadas. Los liderazgos responsables se ejercen desde la moderación, desde el justo medio, con los criterios suficientes para responder con el tipo de liderazgo necesario en cada ocasión. La prudencia rige la conveniencia de un tipo liderazgo u otro. Por todo ello, los líderes responsables no sólo deben prepararse para distintos liderazgos sino que deben tener conocimiento de la situación de las personas y del conjunto de la empresa.

 

3.       La empresa como organización de personas.

 

      En estos tiempos de constantes cambios, poco a poco, van emergiendo distintos modelos de empresa. Si observamos, atentamente, el entorno empresarial nos daremos cuenta de cómo en el funcionamiento de las empresas subyacen distintas maneras de hacer empresa. Uno de los modelos para este siglo XXI, será el de aquellas empresas que, efectivamente, entiendan a la empresa como una organización de personas y sitúen a las personas en el corazón, centro –cuore, core- de la misma. Aquellas máximas repetidas tanto -hasta la saciedad- y que se convirtieron en  afirmaciones políticamente correctas como la de que las “personas son nuestro activo fundamental”, “el capital humano de la empresa es decisivo para nuestra empresa” o afirmaciones de calibre parecido, en las empresas que funcionan como una organización de personas deja de ser una declaración de intenciones para hacerla, día a día, realidad. Sin embargo, en los últimos tiempos, son cada vez más numerosas las declaraciones de empresarios, directivos y organizaciones sindicales que enfatizan las personas como elemento “diferencial” de la empresa.

      La apuesta es por una empresa entendida como organización de personas donde la relación que se establece con las personas se sostiene, en primer término, desde el escrupuloso respeto por la legalidad vigente. En segundo término, se “va más allá” de la legalidad apostando por una empresa ética mediante unos valores específicos que cada empresa decide y que están enfocados hacia las personas de la empresa y el conjunto de la organización. En tercera instancia, se vinculan estos valores éticos a valores sociales. Así, poco a poco, se ponen de relieve algunas de las características de una empresa responsable que, sintetizando mucho, se podrían concretar en tres características. Primera característica: sitúa de facto a las personas en el centro de la organización. Segunda: decide unos valores éticos a través de la cultura empresarial que se concretan internamente y que tienen trascendencia en la vinculación de la empresa cono todas las partes implicadas dentro y fuera de la misma. Tercera característica: se decide, desde la empresa voluntaria y libremente, los valores sociales para imbricarse con la sociedad. En estas tres características, la determinación de la dirección es fundamental.

      Los liderazgos responsables empujarían en la dirección de construir organizaciones donde las personas están en el centro desde la convicción que este modelo de empresa redundan positivamente en la organización y en el conjunto de la sociedad. Los liderazgos responsables hacen este esfuerzo por impulsar una organización humana centrada en las personas y tienen en cuenta el “peso” de las personas en y para la empresa. Los liderazgos responsables sitúan a las personas en el centro de la organización.

      Los liderazgos responsables son, también, liderazgos eficaces. La eficacia en los liderazgos significa que los líderes, como han señalado Yukl y Lepsinger[4], ejercen su liderazgo en base a tres pilares: “focus in what is really important”, “maintain self-awarenes” y “perserve personal integrity”. Donde estar “enfocado” en lo que es, realmente, importante significa proactividad en el comportamiento y que las acciones estén guiadas por prioridades y objetivos claros. El segundo pilar, el conocerse a uno mismo –el autoconocimiento que señalábamos en líneas precedentes- implicaría conocer las propias habilidades y el propio comportamiento. El tercer pilar, preservar la integridad, es fundamental ya que “without integrity, a leader is unlikely to retain the trust, royalty, and support of people whose cooperation is essential. Integrity means that a person is honest, ethical, and trustworthy”.[5] La eficacia de los liderazgos responsables deberá tener en cuenta la integridad personal de acción, la confianza y la transmisión de esta confianza a través de las acciones. Sintetizando: los liderazgos responsables son liderazgos de acción de personas hacia una organización que es organización de personas: la empresa.

 



[1]Farkas, C. M., y Wetlaufer, S., “Los sistemas de liderazgo de los consejeros delegados” en Harvard Deusto Business Review, Liderazgo, p. 124.

[2]QUINTANILLA, J., SÁNCHEZ-RUNDE, C., CARDONA, P., Competencias de la Dirección de Personas. Un análisis desde la Alta Dirección, Madrid, Pearson Educación  - Fundipe, 2004, p. 17.

[3]ÁLVAREZ DE MÓN, S., “El líder en la empresa y la sociedad: cultura, valores y cambio” en VARIOS, Paradigmas del Liderazgo, Madrid, McGraw-Hill ­- IESE, 2001, p. 174.

[4]YUKL, G., y LEPSINGER, R., Flexible Leadership. Creating Value by Balancing  Multiple Challenges and Choices, San Francisco, Jossey - Bass, 2004, pp. 232 -235.

[5]YUKL, G., y LEPSINGER, R., Flexible Leadership. Creating Value by Balancing  Multiple Challenges and Choices, San Francisco, Jossey - Bass, 2004, p. 234.


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