¿Cómo ilustrarías la problemática ética de la actividad turística?
El turismo está generando algunas contradicciones y paradojas que ponen
de relieve aquello que Jonas nos advertía en su libro El principio
responsabilidad, que descubrimos qué está en juego cuando está en
juego. Así, por ejemplo, un destino despierta atracción, deviene
turístico y aquello que motivó el turismo es destrozado por el mismo
turismo, como Saturno devora a sus hijos. O surge el turista
antiturista, aquel que quiere gozar del derecho al libre desplazamiento
pero al que le molesta que todo el mundo haga lo que él; quiere turismo
pero donde no haya turismo. Otras veces viajamos para ver lo diferente
y, con frecuencia, el turismo sólo nos ofrece más de lo mismo, pura
homogeneización de todo. El turismo incluso es capaz de convertir en
mero objeto, en mero medio de divertimento a personas y a sus
producciones culturales: pervirtiendo la naturaleza misma de la “cosa”
que era interesante, la corrompe al tocarla. Por no hablar de la
expoliación y expropiación a la que somete el turismo: tanto los
residentes al turista, con un atraco en los precios, o los gobiernos a
los residentes, con planes de desarrollo turístico recalificando de
forma extraña terrenos, pervirtiendo culturas, paisajes, territorios…
Cuando el turismo pierde su teleología, pierde su razón de ser, el
huésped deviene hostil, la hospitalidad, hostilidad: algo que nadie
quería.
¿Cuáles son los principales retos de las profesiones turísticas desde el punto de vista de la ética?
Ser capaces de concienciar a todos los agentes implicados de la
importancia de respetar la ética mínima, de todos los ciudadanos de
todo el mundo. El contenido de esta ética mínima o cívica son los
derechos humanos. Desde ella se defiende cual derecho y deber
fundamentales, la habitabilidad del planeta y la hospitalidad en el
planeta.
Las empresas
dedicadas al turismo se encuentran en el nivel meso que propicia,
media, el encuentro nuclear entre residentes y turistas, encuentro que
debe ser de calidad. Y la calidad es la satisfacción de las
expectativas de todos los implicados en el servicio que un profesional
y una organización se comprometen a dar, y no se reduce a la mera
satisfacción de necesidades del cliente. Porque las expectativas que la
calidad debiera comprometerse a satisfacer, desde un punto de vista
ético, no sólo se constatan, pues han de ser fundadas, sólo ellas se
pueden exigir, se deben dar, se pueden esperar. Por el contrario, son
expectativas infundadas las que no se pueden satisfacer o el hacerlo,
sería, simplemente, inmoral para con otros. Y quien mejor conoce en
rigor lo que se puede y se debe esperar de un servicio es el
profesional, que es quien más sabe de su actividad y el sector donde la
lleva a cabo. Por eso es fundamental su tarea pedagógica, el tipo de
turismo y el marqueting que se fomentan y entre qué gente. Es este
sentido es especialmente importante recordar que cuidar al turista pasa
necesariamente por cuidar al residente, no sólo a los accionistas, ni
siquiera sólo a los profesionales, sino a todos.
¿Qué papel puede jugar realmente el Código Ético Mundial del Turismo de la OMT?
Cabe cuestionar el modelo de desarrollo turístico. Habrá que consensuar
si todos entendemos que es un éxito las transformaciones de Benidorm o
Las Vegas u Orlando, si es ése el modelo de desarrollo turístico que
hay que promover. La OMT puede ayudar a concienciar sobre la necesidad
de promover el turismo responsable en todos los implicados, y en todos
los frentes: el del turista, tomando responsabilidad por sus
elecciones; el de las empresas, entrando en la práctica de la
Responsabilidad Social Corporativa; y animando a los gobiernos a
facilitar las buenas prácticas de todos, siendo ellos los primeros.
Cabe insistir en que los planes de desarrollo turístico no se pueden
hacer de espaldas a los residentes, ni sin un peritaje de los impactos
económicos, sociales y ecológicos, y no sólo en la comunidad de
acogida, sino a nivel mucho más global, mundial. Los residentes tienen
el deber de hospitalidad, pero también tiene derecho a su
idiosincrasia, a no ser molestado, sitiado en su sitio de pertenencia
por el que quiere ver los sitios. Cabe evitar el despotismo ilustrado,
cabe demostrar hasta qué punto la comunidad de acogida se beneficia y
qué significa beneficio. Cuál es el beneficio, para quién, por qué y si
se consultó a los beneficiados, forma parte de una buena gestión de eso
que se viene llamando responsabilidad social de empresas, gobiernos y
organizaciones varias, y que no es otra cosa que el consensuar y
promover buenas prácticas. Evitar hoteles que sean disparates por
dispares con el paraje; promover las empresas y asociaciones que
promocionan turismo de encuentro cultural, de enriqueciemiento personal
y no sólo económico. Al menos, por parte de la OMT se deben censurar
prácticas como la del overbooking, la edificación de hoteles de lujo o
parques acuáticos en lugares con pobreza y escasez de agua, etc.