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Qüestions de Turisme amb Begonya Romàn
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Per Cristian Palazzi
Publicat al 02/9/2007
 
Begonya Romàn es la directora de la Càtedra Ethos d'Etica Aplicada i realitza nombrosos cursos de formació per empreses i fundacions. També és professora de la Universitat Ramon Llull, així com de la Universitat de Barcelona.

Qüestions de Turisme amb Begonya Romàn
¿Por qué tiene sentido una visión ética del turismo?

Porque creemos que algo de humanismo se perdió en la práctica del turismo. Porque constatamos una realidad problemática que nos disgusta y en la que, además, queremos intervenir porque creemos que tiene una finalidad intrínseca que vale la pena recuperar, que hay que recuperar

El turista debe poder hacer lo que le movió al desplazamiento, a saber, informarse, formarse, relajarse en el encuentro con otros lugares y personas, en el enriquecedor encuentro interpersonal, no en el desencuentro, ni en el encontronazo. El residente no sólo no debe sentirse molestado en su hábitat y costumbres (mores), sino que, más allá, debiera poder sentir orgullo de pertenencia al mostrar los encantos de “su casa”. De esa forma, el encuentro interpersonal del turismo debe fomentar el enriquecimiento cultural y personal de los que se encuentran en la actividad turística. Para el residente el turismo puede significar una magnífica oportunidad para hacer públicos su identidad, su patrimonio, para recuperarlo, mejorarlo, o conocerlo con más profundidad y valorarlo así mejor.

Los gobiernos y las administraciones deben ser a conocer la identidad de los pueblos, sus patrimonios tangibles e intangibles, y velar por su desarrollo. Y las empresas deben intermediar en que ese encuentro sea de satisfacción para todas las partes, pues en ellos reside la calidad profesional que como empresas se comprometen a dar; es esa calidad profesional la que legitimará los beneficios económicos que de ella se deriven.

¿Cómo ilustrarías la problemática ética de la actividad turística?

El turismo está generando algunas contradicciones y paradojas que ponen de relieve aquello que Jonas nos advertía en su libro El principio responsabilidad, que descubrimos qué está en juego cuando está en juego. Así, por ejemplo, un destino despierta atracción, deviene turístico y aquello que motivó el turismo es destrozado por el mismo turismo, como Saturno devora a sus hijos. O surge el turista antiturista, aquel que quiere gozar del derecho al libre desplazamiento pero al que le molesta que todo el mundo haga lo que él; quiere turismo pero donde no haya turismo. Otras veces viajamos para ver lo diferente y, con frecuencia, el turismo sólo nos ofrece más de lo mismo, pura homogeneización de todo. El turismo incluso es capaz de convertir en mero objeto, en mero medio de divertimento a personas y a sus producciones culturales: pervirtiendo la naturaleza misma de la “cosa” que era interesante, la corrompe al tocarla. Por no hablar de la expoliación y expropiación a la que somete el turismo: tanto los residentes al turista, con un atraco en los precios, o los gobiernos a los residentes, con planes de desarrollo turístico recalificando de forma extraña terrenos, pervirtiendo culturas, paisajes, territorios… Cuando el turismo pierde su teleología, pierde su razón de ser, el huésped deviene hostil, la hospitalidad, hostilidad: algo que nadie quería.

¿Cuáles son los principales retos de las profesiones turísticas desde el punto de vista de la ética?

Ser capaces de concienciar a todos los agentes implicados de la importancia de respetar la ética mínima, de todos los ciudadanos de todo el mundo. El contenido de esta ética mínima o cívica son los derechos humanos. Desde ella se defiende cual derecho y deber fundamentales, la habitabilidad del planeta y la hospitalidad en el planeta.

Las empresas dedicadas al turismo se encuentran en el nivel meso que propicia, media, el encuentro nuclear entre residentes y turistas, encuentro que debe ser de calidad. Y la calidad es la satisfacción de las expectativas de todos los implicados en el servicio que un profesional y una organización se comprometen a dar, y no se reduce a la mera satisfacción de necesidades del cliente. Porque las expectativas que la calidad debiera comprometerse a satisfacer, desde un punto de vista ético, no sólo se constatan, pues han de ser fundadas, sólo ellas se pueden exigir, se deben dar, se pueden esperar. Por el contrario, son expectativas infundadas las que no se pueden satisfacer o el hacerlo, sería, simplemente, inmoral para con otros. Y quien mejor conoce en rigor lo que se puede y se debe esperar de un servicio es el profesional, que es quien más sabe de su actividad y el sector donde la lleva a cabo. Por eso es fundamental su tarea pedagógica, el tipo de turismo y el marqueting que se fomentan y entre qué gente. Es este sentido es especialmente importante recordar que cuidar al turista pasa necesariamente por cuidar al residente, no sólo a los accionistas, ni siquiera sólo a los profesionales, sino a todos.

¿Qué papel puede jugar realmente el Código Ético Mundial del Turismo de la OMT?

Cabe cuestionar el modelo de desarrollo turístico. Habrá que consensuar si todos entendemos que es un éxito las transformaciones de Benidorm o Las Vegas u Orlando, si es ése el modelo de desarrollo turístico que hay que promover. La OMT puede ayudar a concienciar sobre la necesidad de promover el turismo responsable en todos los implicados, y en todos los frentes: el del turista, tomando responsabilidad por sus elecciones; el de las empresas, entrando en la práctica de la Responsabilidad Social Corporativa; y animando a los gobiernos a facilitar las buenas prácticas de todos, siendo ellos los primeros.

Cabe insistir en que los planes de desarrollo turístico no se pueden hacer de espaldas a los residentes, ni sin un peritaje de los impactos económicos, sociales y ecológicos, y no sólo en la comunidad de acogida, sino a nivel mucho más global, mundial. Los residentes tienen el deber de hospitalidad, pero también tiene derecho a su idiosincrasia, a no ser molestado, sitiado en su sitio de pertenencia por el que quiere ver los sitios. Cabe evitar el despotismo ilustrado, cabe demostrar hasta qué punto la comunidad de acogida se beneficia y qué significa beneficio. Cuál es el beneficio, para quién, por qué y si se consultó a los beneficiados, forma parte de una buena gestión de eso que se viene llamando responsabilidad social de empresas, gobiernos y organizaciones varias, y que no es otra cosa que el consensuar y promover buenas prácticas. Evitar hoteles que sean disparates por dispares con el paraje; promover las empresas y asociaciones que promocionan turismo de encuentro cultural, de enriqueciemiento personal y no sólo económico. Al menos, por parte de la OMT se deben censurar prácticas como la del overbooking, la edificación de hoteles de lujo o parques acuáticos en lugares con pobreza y escasez de agua, etc.

(Font: Butlletí TSI)