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Frankfurt, Harry G.; La importancia de lo que nos preocupa. Buenos Aires: Katz Editores, 2006
Ortega
y Gasset decía que la elegancia de un filósofo está en su claridad, en
el hecho de que más allá de los complicados conceptos que uno maneje,
sus ideas lleguen a ser comprensibles para la mayoría. Probablemente
sólo así es posible elaborar una filosofía que pretenda cambiar el
presente, con pretensiones de inmiscuirse en la tribuna pública, que
haga reflexionar a los diferentes actores en busca de una mejora de la
convivencia entre humanos.
Claro que es verdad que Harry G. Frankfurt puede ser considerado
como uno de esos filósofos como Thomas Nagel o Hillary Putnam que desde
sus atriles norteamericanos pretenden re-direccionar el pensamiento,
acotándolo respecto al exceso semántico de los valores enmarcados en la
tradición europea, y que por ello se ven casi obligados a convertirse
en formalistas o pensadores del límite, límite hasta donde es posible
preguntarse, límite hasta donde se nos es permitido hablar. Pero La
importancia de lo que nos preocupa va más allá.
No se contenta
con limitar la racionalidad de lo pensable sino que introduce un factor
determinante a la hora de hablar de ética filosófica, la idea de
preocupación. Dice textualmente, “desde hace tiempo los filósofos
dedican una atención sistemática a dos amplios conjuntos principales de
preguntas (...). En el primer conjunto, que constituye el ámbito de la
epistemología, las preguntas derivan de una u otra manera de nuestro
interés en decidir qué creer. el tema general de las preguntas del
segundo conjunto es cómo comportarnos, es decir, el contenido de la
ética. también es posible delinear una tercera rama de investigación,
que tiene que ver con una serie de cuestiones que pertenecen a otra
área temática y son un objeto de interés fundamental de la existencia
humana, es decir, qué debe preocuparnos”. No es lo mismo aquello en lo
que creo, que la manera en cómo actúo, ni aquello de lo que me
preocupo. Digamos que el acto ético aparece dentro del acto de
preocuparse y que el conjunto denota la confianza de creer en algo. Se
trata, como en la mayoría de los escritos de este libro recopilatorio,
de discernir entre aquello que nos impele a la acción y la acción
misma, se trata de poder diferenciar.
A partir de estas coordenadas
podremos delinear un itinerario conceptual que recorre su
Posibilidades alternativas y responsabilidad moral o La libertad de la
voluntad y el concepto de persona o ¿De qué somos moralmente
responsables?
Se trata, como decimos, de poder ser capaces de
identificar el acto de la voluntad por el cual realizamos la acción, de
la cual podemos ser responsabilizados. La suya es una lucha por la
elucidación de la verdad moral, más allá de sus reminiscencias
trascendentales.
Es por ello que debe ser llamado filosofo del
presente. Filósofo porque se pregunta por la fundamentación de las
cuestiones que animan el alma humana, y del presente, porque utiliza el
imaginario colectivo actual para representar sus lecciones. ¿Qué mejor
tema para tratar de la responsabilidad moral que el de la habladuría
(bullshit)?
Es correcto decir, ya que fue muy comentado, que el
texto Sobre el concepto de bullshit, publicado originalmente en 2001,
situó a este profesor de Princeton en la tribuna pública por ser capaz
de tratar con argumentos filosóficos regenerados lo que ya
Heidegger denominó como una de las características de la vida
inauténtica, la habladuría.
En su caso pero no es tanto denunciar
el uso y abuso de la información que hacen los productores de “basura”,
que diríamos aquí, sino saber colocar en su justa posición al actor
productor de bullshit. No es lo mismo mentir que tergiversar, nos
enseña de la mano de San Agustín, ya que para el “basurero” la mentira
no es la finalidad que legitima sus acciones, es decir, no produce
auténtica mentira con la conciencia de aprovecharse del conocimiento de
la verdad, sino que, más bien, es aquel que busca confundir al receptor
de la información en su propio beneficio. Es por ello que "el bullshit
es más enemigo de la verdad que el mentiroso". Porque su productor es un
relativista que no le importa si es verdad o no lo que está
diciendo, sino que sustituye la orientación al entendimiento por el cálculo de intereses.
El bullshit, nos dice, es inevitable
"cuando las circunstancias requieren que alguien hable sin saber de qué
está hablando". Pero ¿qué mejor manera de criticar la habladuría con
la claridad con la que fluyen todos los artículos de este libro?
Discernir es tomar conciencia, y tomar conciencia requiere de una
acción firme y clara en la defensa de tus ideales. Harry G. Frankfurt
es un ejemplo de ello.
Para conocer de primera mano los pensamientos de este filósofo americano: http://press.princeton.edu/video/frankfurt/
Más información de este libro: http://www.katzeditores.com
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Sèrie d’articles
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-
Frankfurt, Harry G.; La importancia de lo que nos preocupa. Buenos Aires: Katz Editores, 2006
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Cartografía del presente: Debord, Senett, Onfray y Saborit.
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Küng, H. y Kuschel, K-J. (ed.); Ciencia y ética mundial, Madrid: Trotta, 2006
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Marquard, O.; Felicidad en la infelicidad. Reflexiones Filosóficas; Buenos Aires: Katz Editores, 2006
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Zizek, S.; Organos sin cuerpo. Sobre Deleuze y consecuencias. Valencia: Pre-Textos, 2006
-
Honneth, A.; Reificación. Buenos Aires: Katz Editores, 2007
-
Biblioteca RSC: Alcoberro, Ollé.
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Höffe, O; Ciudadano económico, ciudadano del Estado, ciudadano del mundo. Buenos Aires: Katz Editores, 2007
-
Blumenberg, H.; Tiempo de la vida y tiempo del mundo. Valencia: Pre-textos, 2007
-
Katz editores: reflexiones sobre la identidad
-
Koselleck, R.; Critica y crisis. Madrid: Trotta, 2007
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Bilbeny, N.; La identidad cosmopolita. Los límites del patriotismo en la era global
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Löwith, K.; Max Weber y Karl Marx. Barcelona: Gedisa, 2007
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