Si tuviéramos que identificar cuatro
puntos sobre los que trazar las principales coordenadas de nuestro tiempo
estos serían probablemente los que siguen: primero, la preocupación global acerca de los cambios ambientales del planeta; segundo, el triunfo indiscutible del
capitalismo; tercero, la extraña relación entre proceso de
secularización y el nacimiento de nuevas formas de religiosidad; y cuarto, la creciente
incomunicación que se vide en el seno de las sociedades moralmente plurales.
Certeramente, estas cuatro reflexiones inundan las cuatro propuestas que Anagrama nos propone para esta temporada. Las directrices son claras:
estamos sufriendo importantes cambios en la forma de concebir el mundo y
necesitamos materiales críticos para poder analizar el presente, sólo así
llegaremos a cultivar una ciudadanía activa informada, capaz de responder con criterio a las
exigencias de un presente cada vez más inestable.
El planeta enfermo, Guy Debord
La primera
propuesta de la Coleción Argumentos se nos presenta bajo el título El planeta enfermo y es una compilación de artículos del fallecido Guy Debord. Me concentraré tan
sólo en el último de los textos incluidos por ser el único inédito hasta
la fecha. En él se defiende sin contemplaciones que “la producción de la
no-vida (entiéndase, el sistema capitalista) ha seguido con cada vez mayor
rapidez su proceso lineal y cumulativo; y ahora ha traspasado un último umbral
de su progreso y está produciendo
directamente la muerte”.
Según el autor francés, unos de los padres
intelectuales del mayo del 68, nos encontramos en una situación crucial de la
que depende el de la habitabilidad futura del planeta tierra. Y ahora que Panel Internacional del Cambio Climático ha llegado a la
conclusión de que, indiscutiblemente, la aceleración de los cambios de
temperatura en la tierra son responsabilidad del hombre, a diferencia, por
primera vez en la historia, de las diversas etapas térmicas por la que ha
pasado el planeta acaecidas de forma natural, sus reflexiones se
hacen más actuales que nunca.
Pero si Debord reflexiona acerca de la condición dominadora de la
producción capitalista: “el
capitalismo ha desarrollado un movimiento de dominación de la naturaleza que no
se ha dominado a si mismo”, debemos dejar claro que existen nuevas formas de capitalismo
que el autor francés nunca llegó a conocer. Según Richard Sennett, segundo lanzamiento de Anagrama, hemos pasado del modelo producto-mercancía al modelo
producto-servicio, cuya finalidad no es la acumulación material de objetos,
sino la producción de deseos inconsumibles.
La cultura del nuevo capitalismo, Richard Sennett
El estudio de Sennett se basa en las consecuencias espistémicas
y normativas que La cultura del nuevo
capitalismo está produciendo en la organización mundial de los países.
Según él, trabajo, talento y consumo, estandartes del nuevo capitalismo “no
han liberado a la gente”, sino que más bien han introducido las desigualdades de facto en el sistema, trayendo como
consecuencia “una desigualdad estructural en los procesos de crecimiento
global”.
La
investigación de Sennett, continuación de su famoso libro La corrosión del carácter, pretende demostrar que el nuevo
capitalismo, capitalismo cuyas características son principalmente, el
cortoplacismo, el énfasis en las capacidades potenciales y la renuncia al
pasado, genera toda una serie de consecuencias que lejos de limitarse al campo
de la economía empañan también la propia experiencia que
tenemos de nosotros mismos. Nos hemos convertido, nos dice, en ciudadanos
consumidores obligando a la política a satisfacer nuestros deseos relativos
inmediatos y dejando de lado la racionalidad de nuestros discursos en favor de un emotivismo conservador radicalmente negativo. La principal consecuencia de todo ello es la dificultad creciente para
comprender la responsabilidad de nuestras acciones.
Sin embargo, en su opinión todavia existen como
mínimo tres valores decisivos “capaces de crear un ancla” moral: la
recuperación de la validez del relato que explica la historia de una vida, la
recuperación del valor de la utilidad en detrimento de la satisfacción y,
finalmente, “el desafío más radical”, el más difícil de conseguir, la
recuperación del “espíritu artesanal”, aquel que impele a “hacer algo bien por
el simple hecho de hacerlo bien”.
Tratado de ateología, Michel Onfray
Simultáneamente al triunfo del capitalismo como pensamiento único convendremos
que existe una decadencia creciente del mundo religioso, algo que data desde de la Revolución Francesa y que se extiende hasta nuestros días con una fuerza imparable. Michel Onfray es un ejemplo de ello. Según el autor del Tratado de ateología nos encontramos en condiciones de sentar las
bases de una futura civilización sin Dios.
Su propuesta
es muy clara: “deconstruir los monoteísmos, desmistificar el judeocristianismo”
y, finalmente, “desmontar la teocracia”. Sólo de esta forma será posible “elaborar un
nuevo orden ético y crear en Occidente las condiciones de una verdadera moral
poscristiana”. Se trata aún "de la posibilidad de un sueño", pero de un sueño que no se cree ingenuo, sino que pretende sabe donde atenerse. Sus enemigos están
nítidamente clarificados: la ignorancia, la pulsión de muerte y la tiranía.
“El monoteísmo
detesta la inteligencia, esa virtud sublime con la que evitamos los mitos y los
cuentos para niños” Según Onfray el monoteísmo aplaca cualquier afán de pensar
por uno mismo y lo subyuga y, casi a la manera freudiana, su crítica ateológica
dice que la religión responde a la creación virtual de mundos subyacentes que
sólo sirven para catalizar los pensamientos originales y deshacerlos en la verdad
dogmática.
Esta verdad
“odia a la vida”, odia la carne corruptible.. Bajo la secuencia, “Dios, Cesar, y compañía” el autor pretende demostrar
el origen de la corruptibilidad de las instituciones eclesiales, siempre
cercanas al poder político, y en cierto sentido, responsables de la legitimidad
de ciertas acciones puramente beligerantes: Mussolini, Franco, Hitler,
Pinochet, Salazar, los coroneles griegos, etc. “Millones de muertos por amor al
prójimo”, nos dice.
Vidas adosadas. El miedo a los semejantes en la sociedad contemporánea, Pere Saborit
Solo nos queda forjar una ética intersubjetiva que beba
de una verdadera teoría de la inmanencia, pero todo proceso de reconstrucción
lleva su tiempo. ¿Cómo no vamos a encontrarnos perdidos "después de veintisiete
siglos de construcción monoteísta"?
Este es
precisamente el punto de partida de Vidas
adosadas. El miedo a los semejantes en la sociedad contemporánea, último
libro de Pere Saborit, finalista del premio Anagrama de Ensayo. “La caída de
los Metarrelatos o Fundamentos ilusorios arrasó consigo la distinción nítida
entre sabios e ignorantes, buenos y malvados”. Pero a diferencia del libro de
Onfray, este hecho no constituye el único elemento de análisis. En él se describe el
paulatino proceso de desnaturalización de las relaciones sociales, ya sea por
el auge de la
Globalización, por el descubrimiento del psicoanálisis o por la
aparición de una inmensa clase media muy reconcentrada en si misma o, como
decimos, por el auge de la ateología.
Se trata de
explicar porqué evitamos la relación frontal con nuestros semejantes ahora que
las concentraciones de masas son más numerosas que nunca. Porqué vivimos los unos al lado de los otros mientras despreciamos
identificarnos con los que nos rodean. La moda dicta diferenciarse mientras,
paradójicamente, el Otro se convierte en semejante neutralizando así su fuerza
asertiva. “En lugar de una lucha por el reconocimiento, el hombre occidental
contemporáneo parece más bien estar entablando una lucha por pasar
desapercibido”.
Indiferencia,
pérdida de fundamento religioso, capitalismo transformador y amenaza ecológica,
estas son las coordenadas que la Editorial
Anagrama nos propone a inicios del año 2007. Ninguna de ellas
es optimista con el presente. Veremos que ocurre próximamente en un futuro,
gracias a este tipo de publicaciones, constantemente recreado.
Más información en http://www.anagrama-ed.es/