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Küng, H. y Kuschel, K-J. (ed.); Ciencia y ética mundial, Madrid: Trotta, 2006
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Per Cristian Palazzi
Publicat al 04/16/2007
 
Ciencia y ética mundial es un libro fundamental para comprender algunos de los posibles itinerarios gracias a los cuales es posible seguir planteando hoy la hipótesis de una futura ética mundial... 

Küng, H. y Kuschel, K-J. (ed.); Ciencia y ética mundial, Madrid: Trotta, 2006
Ciencia y ética mundial es un libro fundamental para comprender algunos de los posibles itinerarios gracias a los cuales es posible seguir planteando hoy la hipótesis de una futura ética mundial. Sus autores, la mayoría de habla germana, no deben ser considerados como meros continuadores de la declaración Hacia una ética mundial: una declaración inicial, leída en el Parlamento de las religiones en Chicago (1993), antes bien, la distancia crítica que muestran algunos de sus textos deja adivinar el escepticismo que producen los cuatro axiomas sobre los que pivota la propuesta del teólogo Hans Küng.

Trece años después Hans Küng y Karl-Josef Kuschel presentan, en forma de recopilación, algunas de las mejores recepciones que la obra de Küng ha sugerido dividiendo la exposición en diferentes disciplinas filosófico-científicas: Ética económica y ciencia del derecho, Ciencia política, Ciencia de la educación, Ciencias naturales y Ética.

Dichos textos no se limitan, ni mucho menos, a desarrollar el germen de la declaración por la convivencia pacífica entre religiones, sino, más bien, a constatar como ciertos fenómenos que se encontraban ya en ese primer esbozo se muestran hoy, si cabe, más urgentes de reflexión que hace una década. Así, si bien el análisis de los cuatro grandes principios sobre los que se basa la declaración, a saber, no matarás, no robarás, no mentirás y no te venderás, no resulta filosóficamente demasiado satisfactorio, resultan extremadamente fructíferos los fenómenos a los que ellos se refieren.

Siete años antes de Chicago, en nuestro país, Adela Cortina ya planteó la necesidad de una ética mínima basada en aquellos “mínimos de justicia que socialmente podemos exigirnos”. El suyo era un intento por dar respuesta a la creciente pluralización de las sociedades modernas. La ética, nos enseña Cortina, no puede ser una ética de máximos, basada en los valores contextuales que rigen las sociedades tradicionales, sino que debe ser capaz de establecer un marco mínimo común de diálogo y comprensión sobre el cual poder expresarnos libremente, independientemente de nuestro origen y pertenencia. Esto significa que hace falta consensuar unos mínimos exigibles para poder expresar nuestros máximos morales. Se trata pues de una propuesta transversal, de la misma índole que la planteada por Küng.

Lo que muchos veían en 1993 en 2007 se ha cumplido con creces. Gracias a la mundialización de la economía, el liberalismo económico del mercado basado en la competencia ha ascendido al nivel de nueva religiosidad. El desarrollo de la ciencia y la tecnología ha alcanzado hoy cotas sobrehumanas en base a una presunta neutralidad axiológica, la neutralidad de la “búsqueda del conocimiento”. Los maestros, los pedagogos en general, encuentran serias dificultades a la hora de ponerse de acuerdo en lo que se refiere a una ética común ante las diferentes tradiciones que conviven ya siempre dentro de sus aulas. La profecía ecológica, pese a sus muchos detractores, se encuentra hoy más viva que nunca gracias a las investigaciones del IPCC (Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático). Estos son algunos de los temas que se desglosan y critican con una precisión destacable por las páginas de Ciencia y ética mundial.

Sus méritos no proceden si se quiere de las propuestas que en él se plantean, propuestas discutibles y susceptibles de ser criticadas, sino más bien de la demostración plausible de que la filosofía contemporánea será global o no será. Es decir, mucho más allá de la supuesta religiosidad que muchos verán detrás de la propuesta de Küng, Peter Ulrich (Ética mundial y economía mundial. Una perspectiva ético-económica), Dieter Senghaas (Condiciones políticas marco para la ética mundial), Karl Ernst Nipkow (Ética mundial y ciencia de la educación), Günther Mack (La búsqueda de yn paradigma científico útil para el futuro. El papel de la ciencia en el desarrollo de una ética mundial) o Helmut Fahrenbach (La necesidad del Proyecto de una Ética Mundial, pero sin ‹‹fundamentación teonómica››. Aportaciones a una filosofía de la razón comunicativa, acentuada desde el punto de vista ateo, socialista y del discurso ético) entre otros, corroboran con sus escritos la necesidad de considerar racionalmente un discurso global ante el encuentro entre culturas, la mercantilización de las actividades humanas, la globalización de la tecnología, o su reverso más próximo, el daño ecológico.

Políticamente, no es posible ya creer en el sueño iusnaturalista hobbesiano que plantea el miedo egoísta como principal motor de la sociedad. Y no es posible porque las sociedades ya no se componen entre pares entre los que desconfiar, sino de desconocidos cuyos destinos quedarían aleatoriamente expuestos sino se sucediese el ejercicio de una “solidaridad abstracta”, factor determinante de la prosperidad del Estado contemporáneo. Debemos potenciar el liberalismo político ilustrado basado en la idea de sociedad civil. El desarrollo de la ciencia por la ciencia, tan criticado ya por Gadamer, exige de una recuperación del concepto de responsabilidad, expresado por Hans Jonas en El principio de responsabilidad. Ensayo de una ética para la civilización tecnológica, y recuperado aquí en forma de interdisciplinariedad y transdisciplinariedad, esto es, la aceptación de consecuencias más allá de las propias disciplinas de estudio, algo que no había sido considerado hasta ahora y que ahora se transforma en responsabilidad social de la ciencia y sus experimentos. También la cuestión ambiental debe poder ser afrontada globalmente, y así el precio de los productos “debe decirnos su verdad ecológica”, así como su verdad moral y ética.

Estas son, muy sumariamente, algunas de las ideas de este magnifico libro, seleccionado por Hans Küng y Karl-Josef Kuschel, que ahora Trotta nos propone y que supone un azote para la reclusión y la corta mirada y una apuesta por un mundo más consciente y más libre. Una prueba más del fracaso que supone dividir el saber en parcelas de conocimiento.

 

Más información de este libro clickando en http://www.trotta.es/