Dividido en dos secciones Deleuze y Consecuencias la presente obra defiende que, por debajo de la imagen popular de
Deleuze, basada en la lectura de los libros que escribió junto a Félix
Guattari, “hay otro Deleuze, más cercano al psicoanálisis y a Hegel, un Deleuze
cuyas consecuencias son mucho más demoledoras”. Si no fuera porque Zizek lleva
defendiendo toda la vida este horizonte donde se funden lacanianismo y
marxismo veríamos probablemente con buenos ojos la operación que efectúa
con el autor francés, sin embargo, nuestras sospechas deben hacernos leer este
libro con cautela, sin concesiones, persiguiendo al Deleuze que nosotros
consideramos cierto.
Según Zizek, el genio de Deleuze reside en el haber dado con
la noción de “empirismo trascendental”, donde el campo potencial infinito de
virtualidades es el que configura desde la distancia la actualización misma de la realidad.
Zizek defiende la para-física deleuziana frente a la meta-física tradicional cuando
afirma que no es el acto el que dirige a la potencia hasta su correcta
realización, sino que es la misma potencia, en cualidad de "cuasi-causa", la que
permite y determina los diversos actos que de ella se derivan. Tales potencias
se sitúan en el campo de puras intensidades sin sujeto, en la pura intensidad “mecánica”
más allá del sentido, para configurar el orden.
Aceptar a Deleuze es aceptar la irreductibilidad de
cualquier sistema, la dependencia del sentido al sinsentido, del ser al puro
devenir, del enunciado propositivo a la desaparición, cosa que tiene importantes
consecuencias en el terreno, por ejemplo, de la mente humana: “el problema no
es reducir la mente a los procesos materiales neuronales, sino más bien el de
aprehender cómo la mente sólo puede aparecer si está inserta en la red de
relaciones sociales y suplementos materiales” que la generan y configuran no siendo ella.
Paradójicamente, lo Nuevo sólo es posible por medio de la repetición. “El
acontecimiento repetido es re-creado en un sentido radical”. Se funda así un
empirio-criticismo que se opone a considerar a la materia cómo lo único existente,
cómo lo único en lo que debemos basarnos. Esta postura, nos dice el Deleuze de
Zizek, convierte al realismo en idealismo oscurantista, ante lo que se impone la
necesidad de comprender la realidad desde un dualismo peculiar (nómada/estado,
Devenir/Ser, esquizo/paranoico, ausencia/presencia). Debemos tratar
paralelamente el efecto inmaterial del sentido de acuerdo con la existencia de
cuerpos materiales y no mirar de poner fin a su escisión, porque, con Kant,
debemos decir que es en el hiato, en la herida, donde aparece la libertad, en el
Acontecimiento gracias al cual la forma misma es incluida en el contenido por
medio de una "torsión interior". Y aún más allá, debería afirmarse paradójicamente
que “esta aserción del exceso del efecto sobre su causa, de la posibilidad de
libertad, es la aserción fundamental del materialismo de Deleuze”
Ciertamente la filosofía de Deleuze pretende
salvaguardarnos del determinismo de algunas ciencias actuales y sus intereses, que
nos engloban. Su filosofía se identifica algunas veces con el marxismo, otras con el
psicoanálisis, y esto porque, a pesar de lo que otros puedan pensar, estos
sistemas de pensamiento afirman la necesidad del hiato como escisión
constitutiva de lo humano.
Aunque desgraciadamente “el pensamiento de Foucault, Deleuze y
Guattari, los filósofos mejor caracterizados de la resistencia, ha derivado
efectivamente en la ideología de la nueva clase dominante”, o al menos así se
defiende en el libro. Deleuze es retratado como un ideólogo del capitalismo
digital, ejemplo de ello lo encontramos en la pregunta ¿no es la anti-centralización
el tema del nuevo capitalismo digitalizado?, o en esta otra, ¿no es la
publicidad el trabajo sobre la comunicación de intensidades afectivas por debajo
del nivel de significado?, la respuesta es evidente, sí. Finalmente, ¿no es el
capitalismo una poderosa máquina de desterritorialización que genera nuevos
modos de territorialización?
Después de leer este libro crees que este siglo es
deleuziano y que Organos sin cuerpo.
Sobre Deleuze y consecuencias es una verdadera prueba de ello. Distinguir hasta
donde llega Zizek (“a dar por detrás”) a Deleuze es tarea ardua y compleja, el
esfuerzo pero corrobora que ante Deleuze nos encontramos con un guerrillero
absorto, un cineasta político, una metáfora real que inaugura nuestro presente
imaginado. O para acabar con una reflexión del monstruo zizek-deleuziano: no es tanto Deleuze el
profeta, sino efectivamente Zizek la potencia de su profecía.

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